Valoración general (2021)
El sistema educativo
costarricense atraviesa una grave crisis debido al golpe combinado de los
rezagos históricos y los efectos económicos y sociales generados por la
pandemia del covid-19. Este último evento evidenció problemas no resueltos, así
como la profunda tensión existente entre los propósitos educativos y las
rigideces del sistema. La crisis educativa actual es la peor en varias décadas.
La situación es particularmente severa en la educación preescolar, general
básica y diversificada. En los últimos cuatro años, se encadenaron reiteradas y
significativas interrupciones de los ciclos lectivos que han provocado un
fuerte recorte en los aprendizajes estudiantiles, lo que este Informe denomina
“un apagón educativo”. Este apagón compromete el desarrollo de competencias y
habilidades vitales para el progreso del país y la democracia. En la
actualidad, cohortes enteras de estudiantes arrastran deficiencias educativas
aún mayores que las tradicionalmente reflejadas en los malos resultados
educativos que Costa Rica obtenía, en promedio, en las pruebas estandarizadas
nacionales e internacionales. Se tienen amplios y diversos grupos de
estudiantes rezagados: las personas de la educación especial, las que asisten a
modalidades abiertas, la población indígena, los cientos de miles con poca o
nula conectividad, las niñas y niños que asisten a preescolar. Todo esto ha
incrementado las desigualdades entre la educación pública y la privada (que no
ha interrumpido sus servicios) en los ciclos educativos que la Constitución
Política establece como obligatorios. Lo anterior ocurre además con un
agravante: la falta de evaluación educativa mediante pruebas nacionales en los
últimos años, lo que dificulta el seguimiento de la trayectoria académica de la
población estudiantil y sus avances de acuerdo al perfil esperado en los
programas de estudio. Las medidas adoptadas por el Ministerio de Educación
Pública se orientaron, principalmente, a resguardar la salud y garantizar la
permanencia de los estudiantes en el sistema preescolar, básico y diversificado.
Estos son objetivos necesarios, pero no suficientes. La educación remota,
combinada o híbrida como principal respuesta educativa del sistema, no
garantizó que los estudiantes adquirieran aprendizajes de calidad. El “apagón
educativo” ocurre en una época en la que, por el fi n de la transición
demográfica, el país requiere avances rápidos y sustantivos en el acceso y la
calidad de los servicios educativos, en especial dentro de las poblaciones
atendidas por el sistema público, provenientes mayoritariamente de hogares de
bajo clima educativo. A ello se suman los adversos efectos de la pandemia sobre
la producción y el empleo, lo que ha provocado un empobrecimiento de muchos
hogares y el aumento de las desigualdades sociales y territoriales. En
síntesis, en un mal momento para el desarrollo del país, el “apagón” produjo
los peores resultados educativos en mucho tiempo.
Tomado del VIII Informe del Estado de la Educación.
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